Hagamos hoy las cosas mejor que ayer y mañana mejor que hoy

Publicado en EDH el 9 de abril de 2012

Más que un lema esto es una filosofía, que practicamos en la empresa y que es impartida por mi padre hace muchos años.   Nuestra experiencia nos dice que nos ha funcionado, nos ha permitido crecer, generar empleo y compartir valor con nuestros proveedores, clientes, y comunidades.

Sin saber que están haciendo suya esta frase, cientos de empresas, instituciones privadas y públicas así como personas naturales, hacen un esfuerzo diario por superarse a si mismos cada día, haciendo siempre las cosas mejor de cómo las hicieron en el pasado.

En una democracia joven como la nuestra, el entusiasmo por hacer mejor las cosas está cada vez más latente. Hemos visto como el electorado se vuelve más sofisticado, consciente y exigente cada día. La alternancia que estamos viviendo es una señal de que estamos avanzando, de que premiamos a los funcionarios que poseen este espíritu de superación y castigamos a los que se duermen en sus laureles. Estamos buscando la evolución de nuestra democracia y de nuestra sociedad.

En la actual coyuntura, nuestros diputados están frente una oportunidad de demostrar esta madurez política, desde el congreso, ante importantes decisiones que se tomarán en las próximas semanas. Con la elección del Fiscal General de la República y los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia así como otros funcionarios claves, la asamblea puede responder a los temas de nación con transparencia, visión a largo plazo y sin trasfondo político.

Que buscarán el consenso de forma legítima para elegir a los funcionarios idóneos, gente capaz, honesta, con criterio, que esté comprometida con el país.

Que no cometerán los mismos errores del pasado justificando que porque ya se ha hecho es válido. Que como parte de su proceso de mejora constante revisarán la historia y verán que acciones basadas solo en intereses partidarios tienen graves consecuencias para muchos.

Que si sus decisiones nos definen, nos definirán como una nación honesta, con funcionarios que velan por el bienestar del pueblo, respetando la institucionalidad y con sólidos principios éticos que trasciendan de una visión basada en la aritmética partidista.

Cada día nos permite romper los malos esquemas del pasado y qué mejor ejemplo que nuestros diputados para hacerlo. Aplicando una simple y sana filosofía... que cada día legislen hoy mejor que ayer y mañana mejor que hoy.  Que cada una de las decisiones que tomen en el congreso sean producto de análisis, criterio y debates constructivos que se basen en la razón y necesidades de nuestro pueblo.

Las buenas decisiones inspiran confianza, confianza inspira inversión, e inversión al desarrollo social.

Esto esperamos de nuestros funcionarios públicos ante los grandes temas de nación: más coraje y visión para tomar las buenas decisiones en la búsqueda de soluciones a los verdaderos problemas de nuestro país, dejando de lado por un momento los intereses partidistas, que no siempre comulgan con lo que los salvadoreños queremos. En fin, si no hacemos mejor las cosas hoy, vamos a seguir pagando los pecados del pasado, siempre.